martes, 11 de noviembre de 2008

TEMA No 01.LA ORIENTACIÓN COMO PRÁCTICA SOCIAL Y DISCIPLINA PROFESIONAL

TEMA No 01.
LA ORIENTACIÓN COMO PRÁCTICA SOCIAL Y DISCIPLINA PROFESIONAL


Objetivos Específicos

1. Explicar y caracterizar la concepción de orientación en el contexto de prácticas sociales concretas.

2. Reflexionar sobre los fundamentos contextuales que dieron origen y contribuyeron al desarrollo y transformación de la práctica orientadora en Venezuela.

3. Comparar los campos de acción tradicionales con los modelos contemporáneos de actuación en Orientación.

4. Contrastar el perfil del educador tradicional con los requerimientos actuales del rol del educador como orientador.


Presentación del Tema

La Orientación como práctica social y disciplina profesional ha intentado responder a las necesidades individuales y sociales en cada época, evolucionando desde sus orígenes y adaptándose a las constantes demandas del ser humano en su devenir. En este nuevo milenio la Orientación requiere una respuesta de su función estrechamente vinculada con la aplicación de recursos formativos para un ambiente de aprendizaje e investigación que establezca su pertinencia social con las exigencias sociales actuales y de desarrollo científico en el área.

Se presenta a la Orientación como una Práctica social que muestra una falta de especificidad en su ámbito de acción, pues históricamente ha tenido que responder a necesidades de índole muy diversa: necesidades del área personal, social, educativas y vocacionales, que deben ser atendidas tanto en el ámbito individual como grupal y que ameritan vincularse a necesidades de orden institucional y social.

En tal sentido, la orientación como práctica social que interviene en el proceso educativo, no escapa a la dinámica de profundos cambios que se viven en todos los ámbitos de la red social. Ella se debate entre conservar las estructuras tradicionales de su quehacer y aproximarse a una nueva realidad para la cual debe prepararse con vigilante atención, pues sobre estos fenómenos que emergen de la cotidianidad hay que generar investigación que sustente las reflexiones concebidas como producto de la intervención de esa realidad.


En respuesta a lo expresado, el profesional de la orientación cumple sus funciones cuando posee criterio suficiente para entender los problemas sociales y educativos y da respuestas curriculares de calidad a las situaciones y espacios educativos que se le presenten.

Ahora bien, la demandante realidad venezolana de alto riesgo social, aporta un marco explicativo y refuerza la necesidad de presencia de los orientadores, no sólo en la escuela, sino también en diversos espacios de educación no formal, en los cuales puede responder a necesidades individuales y sociales, como promotores y educadores en bienestar social y desarrollo humano.

Por otra parte, desde sus inicios, y aún hoy en día, la práctica de la Orientación se ha fundamentado casi exclusivamente en el nivel de explicación psicológica del comportamiento humano, centrándose en las teorías de la Personalidad y del Aprendizaje. Se considera que este nivel de explicación es necesario pero no suficiente si se acepta que el hombre es un ser de naturaleza social, que llega a ser humano justamente por la incorporación y organización de las experiencias con los demás individuos en un espacio sociocultural determinado.

En consecuencia, se ha dejado de lado la consideración de la dimensión sociocultural al momento de comprender e intervenir sobre los asuntos humanos que acontecen en torno a las instituciones educativas. En efecto, la concepción del hombre como ser social, la institución educativa como instancia socializadora por excelencia y la orientación educativa como instrumento de política nacional para contribuir al logro de los fines educativos, lleva a mostrar la falta de coherencia que existe entre las funciones sociales de la Orientación Educativa y la fundamentación teórica psicológica centrada en las teorías de la personalidad de dicha práctica.


Tales reflexiones llevan a proponer que la práctica de la orientación se sustente en una visión alternativa de carácter psicosocial. Un enfoque psicosocial hace referencia a un nivel de explicación de los fenómenos del comportamiento humano que intenta integrar lo psicológico y lo sociocultural. Tal propuesta tiene como elemento teórico nuclear los fenómenos de la interacción social comunicativa en los diferentes niveles de organización humana: interindividual, grupal e intergrupal-organizacional y sociedad.

Se concluye esta presentación citando a Casado (1998) que afirma que la Orientación, pensada desde la perspectiva del Orientador como asesor-consultor, está en situación critica y que, además de los factores socio-institucionales que podrían explicarla, se considera importante revisar la visión psicológica que fundamenta su práctica.

Sobre la base de lo antedicho este tema pretende abordar, en la primera parte, la confusión conceptual de lo que es la orientación debido al enfrentamiento entre los diferentes modelos y enfoques que se aplican en los ambientes educativos. Seguidamente se hace referencia a los fundamentos contextuales que dieron origen y contribuyeron al desarrollo y transformación de esa práctica. Para abordarlo, se intenta estudiar en forma breve el surgimiento del movimiento de orientación en el mundo (Europa, Estados Unidos de Norteamérica, Latinoamérica), lo cual permitirá comprender mejor la forma como éste ha influido en Venezuela, el por qué de las dificultades confrontadas para llegar a una conceptualización clara de la función de la orientación educativa y de las restricciones que han limitado la incorporación de las actividades de orientación a los demás elementos del currículo y su extensión a todos los niveles y modalidades del sistema escolar.

Igualmente, permitirá la percepción de cómo era el papel de la orientación en Venezuela, para los inicios de la democracia representativa: democratización-masificación de la escolaridad, la bonanza petrolera, el desarrollismo y la sustitución de importaciones, en contraste con los tiempos de la corrupción, crisis financiera, partidización-despartidización, privatización de la educación, globalización. Asimismo, reconocerá un mayor entendimiento de cómo se efectúa en Venezuela el tránsito de un modelo prescriptivo de tipo remedial, pasando por una orientación de asesoramiento y consulta, hacia una postura más flexible en su quehacer: el enfoque psicosocial.

Posteriormente se incluyen los principios y campos de acción de la orientación que pretenden dar cuenta de las transformaciones sufridas por esta disciplina que se traducen en un fenómeno integral de la vida humana y escapan a los límites de la especificidad profesional. Más particularmente, se sitúa fuera de las fronteras del contexto educativo formal en múltiples escenarios en lo que se ha llamado funciones contingentes o diversidad de funciones que puede realizar el orientador ante estos tiempos de cambios y oportunidades. Finalmente se apunta a la reflexión sobre el rol del educador y su comprensión como orientador, haciéndolo consistente con los nuevos tiempos para afrontar los cambios y transformaciones que ocurren constantemente en la sociedad en que se vive.


LECTURA BÁSICA No 01
LA ORIENTACIÓN COMO PRÁCTICA SOCIAL Y DISCIPLINA PROFESIONAL
Rondón, María Elizabeth. (2005)
Profesora de la Cátedra de Orientación Educativa de la Escuela de Educación. UCV

La Orientación como práctica social y disciplina profesional

Definición

La Orientación, dentro de las diferentes prácticas sociales que intervienen en el desarrollo humano y en los conflictos socio-personales, ha presentado, desde sus inicios hasta los actuales momentos, dificultad para su definición y para delimitar sus objetivos y funciones.

Los profesionales de este campo poseen diferentes tipos, niveles y experiencias de formación, lo cual conduce a que interpreten su función orientadora de modo diverso. Por ello, al intentar definir este concepto clave se presenta una situación similar a la de un grupo de ciegos ante un elefante. Cada uno lo concibe según sus percepciones. Para uno es una pata enorme, para otro una cola, para otro una trompa. Esta fábula sirve para ilustrar las diversas concepciones que tienen las personas ante un mismo hecho. Esto es lo que puede pasar ante la definición de la Orientación. Si se tienen distintas concepciones para un mismo término, se tendrá serias dificultades para la comunicación científica y para la construcción de teorías. La comunicación científica requiere un lenguaje común, con un vocabulario propio y unas expresiones técnicas que puedan ser comprendidas con precisión por la comunidad de científicos.

Este problema sitúa inmediatamente en el centro de la definición de Orientación. ¿Es la orientación una relación de ayuda genérica, sin distinción alguna de las áreas de intervención?; ¿Es una actividad de consulta y asesoramiento centrada en los agentes sociales presentes en los procesos de socialización?; ¿Es una profesión de apoyo al docente para los alumnos en dificultad o para el desarrollo de sus potencialidades?; ¿Qué representaciones construyen de esta práctica social los Orientadores y los usuarios de este servicio?. Estas y muchas otras preguntas deben ser objeto de investigación o de intervención. Para ello, el investigador y el especialista pueden basarse en lo que ocurre realmente en este quehacer, en las ideas creadas sobre esta práctica social, en las investigaciones realizadas en este ámbito de acción, en los enfoques teóricos que sustentan o podrían sustentar la práctica orientadora.

De acuerdo con Santana, (1993), la definición de Orientación es tarea compleja, ya que la bibliografía existente en esta área, proporciona una gran variedad de acepciones (profesión de ayuda, proceso, roles, funciones, métodos, objetivos y principios) que se le otorgan a este término.

No obstante, a lo largo del siglo XX, la Orientación ha ido ampliando considerablemente su campo de intervención: orientación educativa (dificultades de aprendizaje, estrategias de aprendizaje, atención a la diversidad), prevención y desarrollo personal, educación para la carrera, desarrollo de la carrera en las organizaciones, educación para la vida, etc. Por eso, la Orientación hoy se concibe como un proceso continuo, que debe ser considerado como parte integrante del proceso educativo, que implica a todos los educadores y que debe llegar a todas las personas, en todos sus aspectos, durante todo el ciclo vital y cuya finalidad última es el desarrollo de la personalidad integral del individuo. (Bisquerra, 1998: 9)

La Orientación tiene una dimensión teórica y otra práctica (a esta última se le denomina intervención). El propósito de tal intervención puede ser correctivo, de prevención o desarrollo. Aunque la intervención tiene una connotación que remite al hecho de que se produce un problema y se procura solucionar por procedimientos especializados, en la literatura americana a veces se puede observar una distinción entre programas de prevención y desarrollo. Sin embargo, en los últimos años el término intervención se utiliza también en un sentido no terapéutico, sino más bien preventivo (Maher y Zins, 1989, c. p. Bisquerra, op. cit.)

Según Rondón, (2003), en términos de la definición práctica de la orientación se trata de describir “lo que se está haciendo”, pues son las experiencias de orientación en centros concretos: de una zona, de una comunidad, de un territorio, etc., los que aportan datos y describen los hechos tal y como han sucedido. Conocer “lo que se está haciendo” tiene dos finalidades básicas: a) Servir de sugerencia para otros profesionales; b) Criticar lo que no esté de acuerdo con unos principios y unos postulados teóricos. La reflexión crítica sobre la práctica o sobre la normativa legal es un factor necesario para la mejora de la propia práctica, donde la práctica es una oportunidad de hacer investigación y una fuente emergente de teoría.

La definición de Orientación trata de articular los planes formativos con la práctica profesional actual y la investigación, intentando resolver la tensión entre el deber ser (ideal) y el ser (lo que realmente se plasma en la realidad).

La orientación educativa tiene dos dimensiones:

-Teórica: es una fundamentación científica de la práctica orientadora;
-Práctica: ayuda a identificar y a aplicar la modalidad de orientación más aconsejable en cada caso. Se realiza en forma de "intervenciones orientadoras". Por medio de ellas se promueve el perfeccionamiento de una persona determinada en situaciones concretas, de acuerdo con sus necesidades, durante un tiempo determinado, mediante Programas y actividades, con propósito preventivo o correctivo.
La orientación profesional es un proceso de ayuda al sujeto para que sea capaz de elegir y prepararse adecuadamente a una profesión o trabajo determinado, implica decisión, formación y la ubicación profesional. Trata de integrar las exigencias personales con las necesidades sociales.

La orientación personal apunta hacia la vida interior del hombre, hacia su armonía interior, equilibrio personal, conocimiento de sí mismo, sin perder las perspectivas de su entorno.

Es el área de la psicología que se encarga del estudio de las relaciones interpersonales que existen entre el ser humano y su medio. Involucra todos los aspectos de la vida cotidiana y su relación directa sobre la psique del individuo. El hombre no es un ser único, vive y coexiste con otros hombres que al igual que el son activos y capaces de transformar la sociedad.

Fundamentos de la Orientación

La orientación como filosofía descansa sobre los principios universales que consideran a la dignidad, el valor de la persona, su unicidad y la libertad individual y sobre los principios de la vida colectiva, que fijan el rumbo de la vida del hombre y le dan base para determinar, en lo posible, hasta dónde su conducta presente y futura puede contribuir al mejoramiento de la vida humana, y por ende, de la sociedad.

La literatura sobre la historia de la orientación, nos revela que se ha pensado en un a concepción del hombre centrada en lo económico: productor-consumidor (“homo faber”), a la concepción humanista al considerarlo una unidad social: un hombre en armonía consigo mismo y con los demás (“homo concors”). (Faure, 1973). La orientación elabora su marco teórico de referencia sobre las concepciones filosóficas antes mencionadas y sobre los principios y fundamentos de la psicología y la sociología.

En relación a lo anterior, se pensaba que las dificultades de los sujetos en las elecciones vocacionales tenían su origen no tanto en los problemas que se tejían en los mundos ocupacional y educativo, propiamente dichos, sino más bien en los desajustes o desequilibrios personales. En todo caso, se asumió que esos obstáculos personales teñían todas las áreas del comportamiento humano y que, en consecuencia, había que dedicarse a la búsqueda de un desarrollo sano de la personalidad para así garantizar el éxito de las elecciones individuales.

Este movimiento logra incorporarse en todos los ámbitos sociales y científicos una vez que la estructura laboral y educativa llega a consolidarse, perdiendo poco a poco sus perfiles de injusticia y deshumanización. Los cambios que ya habían irrumpido en la vida social van a devenir en parte de la vida cotidiana sin los traumas iniciales: la división del trabajo y la diversificación de la educación. Los mismos se han encausado tanto en la estructura social como personal y la incertidumbre cede el paso al conocimiento y manejo de ambas variables por parte de los sujetos y del colectivo social. Esta consolidación se hace posible gracias al desarrollo económico que conocen estas sociedades y al desarrollo político que se observa en el sistema democrático donde el individuo es el centro y el fin de la acción social.

En la Orientación se comienza a hablar de otra área de intervención más vinculada con los problemas de adaptación del individuo, la llamada área "personal-social". Las tesis humanistas, representadas por figuras que tuvieron impacto mundial, como por ejemplo: Rogers (1969, 1972, 1974) y Maslow (1963, 1979) entre otros, sostenían la importancia de la autorrealización personal, del proceso de convertirse en persona, de la psicoterapia centrada en el sujeto. Todo ello planteaba la necesidad del contacto personalizado, cara a cara (individual o grupal). Así, en tanto los sujetos se "autorrealizaban" dentro de esos ambientes cálidos y de libertad que debían garantizar las instituciones y las relaciones terapéuticas o de orientación, esos mismos sujetos estaban en capacidad de realizar elecciones adecuadas en cualquier ámbito de su vida.

Se siguió participando en las áreas de acción vinculadas con lo personal y lo escolar, pero al mismo tiempo se definió y delimitó otra función del orientador que se ha dado por traducir como "la educación para carreras". La Orientación vocacional pasó de ser entonces una labor que desempeñaban los especialistas directamente con los alumnos, estudiantes o potenciales trabajadores, para incorporarse al curriculum escolar a través del desarrollo de tres áreas:

- Conocimiento de sí mismo
- Conocimiento del mundo del trabajo
- Toma de decisiones y planificación de las mismas

Fundamentos Socio-institucionales y Pedagógicos de la Orientación Educativa

Según los autores, Vital y Casado (1998), la acción orientadora que se desenvuelve en las instituciones escolares, dirigida hacia los alumnos, estudiantes, docentes, padres y representantes, personal directivo, y aquel que se desarrolla en las organizaciones productivas o de servicios, distintos a los de la educación formal, tiene implicaciones que la vinculan directamente con la formación, la capacitación, el adiestramiento o el entrenamiento. Por lo tanto, toda acción orientadora supone unos fundamentos pedagógicos que van a condicionar dicha acción. En efecto, la Pedagogía se ocupa de estudiar las condiciones ideales por las cuales deben transcurrir los procesos de formación con el fin de alcanzar las metas previstas.

La Pedagogía aporta a la Orientación dos órdenes de fundamentos que se consideran esenciales:

• Primero: los diferentes enfoques pedagógicos ofrecen principios y patrones que guían la acción orientadora entendida como proceso de enseñanza y de aprendizaje para que las personas involucradas en su acción adquieran actitudes, habilidades y estilos de vida que fomenten su desarrollo personal, contribuyendo así al desarrollo social y cultural. En este sentido, el orientador es un Educador, la relación de ayuda puede ser concebida como proceso de enseñanza-aprendizaje, la persona foco de atención puede ser concebida como aprendiz y las metas de la Orientación entendidas como educativas–formativas.

• Segundo: la Pedagogía aporta fundamentos importantes a la Orientación, en la medida en que los orientadores son vistos como asesores y consultores de los docentes. Este rol se concibe como integrado a la práctica educativa en el aula. No hay que olvidar que, actualmente, existe una fuerte tendencia de la práctica orientadora en el contexto educativo en la que se concibe como integrada al currículo escolar, donde el docente cumple, en su actividad cotidiana, el rol de orientador. Esto quiere decir que el docente y el orientador comparten metas y coinciden en los valores referidos al desarrollo integral del hombre.


De acuerdo con estos autores, los orientadores deben reflexionar sobre ciertas cuestiones antes de iniciar su acción, las cuales deben ser consideradas en función de los posicionamientos filosóficos y teóricos por ellos asumidos al momento de estructurar las bases pedagógicas del plan de Las intervención. Según los autores, estas cuestiones son las siguientes:

a) Finalidades educativas del proceso orientador
b) Los objetivos buscados con la intervención
c) Los contenidos por seleccionar
d) Las estrategias metodológicas
e) Las relaciones sociales entre el orientador y los beneficiarios del programa
f) Los criterios de evaluación de los aprendizajes derivados de la intervención propuesta.

Objetivos de la Orientación

1. Implicar a los distintos agentes educativos en la acción orientadora. Este objetivo es básico y esencial, si los agentes educativos no desarrollan actitudes favorables hacia esta tarea, difícilmente puede desarrollarse un plan de orientación y acción tutorial en el centro.

2. Propiciar el conocimiento de las características propias del alumnado, asumiendo que cada alumno es único Este objetivo resalta la importancia de que el profesor orientador demuestre una sensibilidad hacia la diversidad del alumnado como elemento de la realidad humana. Tiene, por lo tanto, una base actitudinal y un componente más técnico. Los orientadores pueden utilizar diferentes medios para conocer a los alumnos, para detectar sus motivaciones, sus aspiraciones, sus conocimientos previos, etc. Este objetivo concreta el principio de individualización y de educación integral. Si es importante el conocimiento de cada alumno para aquellos que no presentan especiales dificultades, no lo es menos para los alumnos que presentan necesidades educativas. En estas labores, la colaboración entre profesores y el orientador es de suma importancia.

3. Realizar un seguimiento personalizado del alumnado con un enfoque preventivo que evite, dentro de lo posible, la aparición de disfunciones y desajustes. Orientar al alumno es acompañarlo a lo largo de su escolaridad, estar dando información de forma continua ayudándole a resolver los problemas que se le planteen. La orientación debe partir del supuesto de que el éxito se produce cuando hay consonancia entre las capacidades del alumno y el rendimiento alcanzados; pero el seguimiento no solo implica los aspectos más académicos e intelectuales. Debe tener en cuenta todas las dimensiones de la persona.

4. Adecuar las programaciones, la enseñanza y la evaluación a la diversidad del alumnado. La orientación persigue una respuesta educativa en consonancia con la realidad del alumnado. Para ello, la programación debe tener en cuenta este principio, las metodologías deben propiciar el aprendizaje personal y la evaluación debe ser sensible a las formas peculiares de llevar a cabo el aprendizaje.

5. Potenciar la coordinación de los distintos profesores a un mismo grupo de alumnos o a un alumno en particular, con el fin de unificar criterios y pautas de acción. La orientación del alumnado debe ser tarea compartida por todo el equipo docente, aunque corresponde al orientador junto con el profesor-tutor realizar un seguimiento más individualizado. El orientador coordinará las reuniones entre profesores.
Especial importancia tiene la coordinación entre el profesor-tutor y el orientador en el caso de alumnos con necesidades educativas. Esta coordinación está en la base del éxito de la enseñanza con este alumnado. Ambos deben saber qué se trabaja en cada momento, deben revisarse sus progresos y marcar nuevos objetivos en consonancia con los mismos.

6. Implicar a las familias en la educación de los alumnos para unificar criterios y pautas educativas que redunden en una mayor coherencia entre escuela-familia.
La orientación debe propiciar que los dos grandes ámbitos con finalidad educativa como son la escuela y la familia, unifiquen criterios e incidan de forma coherente en el alumnado. No se trata únicamente de traspasar información, sino de ir más allá, de generar un contexto de colaboración en el que los valores, las actitudes y las actuaciones converjan de forma coherente.

7. Coordinar recursos para atender a las necesidades del alumnado buscando la complementariedad de perspectivas de los distintos profesionales que intervengan
En algunos casos la intervención del tutor o del equipo docente será suficiente para dar respuesta a las necesidades de un alumno, pero en otros casos, será precisa la intervención de otros especialistas como el personal del Centro de Recursos de la Educación Especial, los Servicios Sociales de Base, etc.
En estos casos, debe buscarse la coordinación entre todos ellos procurando una visión global de las necesidades del alumno.

8. Atender a los alumnos que presenten necesidades educativas especiales buscando la optimización de los recursos y la máxima integración del alumnado.
Este objetivo de la orientación enmarca un campo prioritario: las necesidades educativas del alumnado. Este campo exige una atención prioritaria en los centros escolares y debe diseñarse y llevarse a la práctica optimizando los recursos que dispongan el centro. En este aspecto debe buscarse la implicación global del Centro para dar respuestas coherentes y asumidas por la comunidad educativa.

9. Propiciar un clima de clase adecuado para la convivencia y el trabajo escolar buscando la aceptación de todos los alumnos
La enseñanza se desarrolla en un grupo humano compuesto por alumnos y profesores. Es objetivo de la orientación y de la acción tutorial conseguir que el grupo humano de alumnos funcione de forma cohesionada consiguiendo una motivación grupal adecuada.
El clima de clase tiene una gran importancia y repercusión en el progreso del grupo y de cada alumno. Un buen clima de clase favorece la autoestima, la responsabilidad, las actitudes favorables hacia el trabajo escolar, genera hábitos de trabajo y estudio, autonomía, colaboración solidaria y afán de superación.

10. Favorecer el paso de los alumnos de un ciclo a otro y de una etapa educativa a la siguiente.
Hay ciertos momentos en la escolaridad en los que debe potenciarse la orientación del alumnado. El paso de un ciclo a otro es uno de estos momentos. El cambio de profesores, de programación, que progresivamente se hace más exigente, en algunos casos el cambio de compañeros, aconseja una acción tutorial intensiva. Mención especial requiere la decisión sobre la promoción o no del alumnado.

11. Mediar en situaciones de conflicto entre el alumnado, o con el profesorado o la familia, buscando siempre una salida airosa al mismo.
Dada la complejidad de las relaciones humanas, y la educación se basa en las mismas, no debe extrañar que se produzcan conflictos entre los alumnos, o bien con algún profesor o entre un alumno y sus padres o hermanos. En tales situaciones debe buscarse una solución educativa evitando en lo posible actitudes autoritarias. La medicación entre las partes forma parte de las funciones del tutor y del orientador. Estas deben tener unas habilidades básicas para la mediación que incluyen la capacidad de escucha, la empatía y la creencia en la búsqueda de soluciones asumidas.


Enfoques de la Orientación

Antes de mencionar fundamentos específicos de la orientación educativa, es conveniente abordar primeramente los enfoques de la orientación como rama psicológica.

A pesar de que se acepta, en general, que la orientación es conveniente y que debe ofrecerse cada vez en mayor grado, hay cierto desacuerdo acerca del significado de la palabra orientación. Como esta misma palabra forma parte de nuestro lenguaje común, y no es un término acuñado por practicantes profesionales de una determinada especialidad, cada quien se siente en libertad de emplearlo según su criterio; y todo esto, seguramente, sin percatarse de que la persona a la quien se está hablando quizá atribuya a la palabra otro significado muy distinto.

Entre los orientadores profesionales, pueden distinguirse dos interpretaciones, las más importantes de la función esencial de la orientación, que se derivan de dos líneas principales de desarrollo histórico que convergen en la profesión a la que nos referimos. De acuerdo con la primera interpretación, el objetivo fundamental de la orientación es facilitar las elecciones y decisiones prudentes; de acuerdo con la segunda, el propósito primordial es promover la adaptación o la salud mental. Se reconoce que el orientador responsable ve la necesidad de atender a los dos campos; pero que el objetivo que considere ser de mayor importancia marcará diferencia en la manera de desempeñar su papel.

Ya en la prehistoria y en los más remotos tiempos históricos es posible descubrir vestigios de estas dos funciones que pueden expresarse de un orientador. Los reyes tenían sabios consejeros que los ayudaban a tomar las decisiones que requería el gobierno de sus países. De todas partes del mundo griego, las personas acudían al Templo de Delfos a buscar, en las respuestas ambiguas del Oráculo, la orientación que necesitaban en los momentos decisivos de su vida. Los romanos tenían sus adivinos, a los que recurrían para tomar resoluciones importantes. Cuanto más nos internamos en el pasado, más encontramos antropólogos que ofrecen su orientación para facilitar las elecciones y decisiones de las personas; y ese arte todavía florece en nuestros días. La orientación en el sentido de la salud mental, también tiene sus prototipos en las épocas pasadas. Los hechiceros fueron, tal vez, los primeros que se ocuparon de la salud mental. Los sacerdotes de cultos misteriosos ayudaban a los devotos a lograr la felicidad y la paz del alma. El confesionario tiene un fin de orientación, como lo tienen las relaciones entre maestros y discípulos en las disciplinas religiosas orientales.

Enfoques de la Orientación Educativa

La Orientación desde el enfoque de la pedagogía tradicional, propondría a sus beneficiarios (alumnos) aprendizajes que favorezcan la consolidación de una cultura general homogénea, con los correspondientes valores universales que la acompañan, con el fin de facilitar la adecuada adaptación de la persona al medio ambiente social en el que está inmersa. El orientador asume un rol muy activo y se atribuye (unidireccionalmente) la responsabilidad del proceso del aprendizaje. Se propone dirigir, de forma coherente y organizada, las diferentes etapas de desarrollo evolutivo por las que el sujeto transita y cuya programación parte, exclusivamente, de él mismo. Se vale de la clase magistral, de la transmisión de información, como estrategia metodológica básica, donde el orientado es un receptor (en apariencia pasiva) del proceso orientador. Los objetivos y contenidos (en tanto que homogéneos) deben ser logrados y asimilados por todos los participante, independientemente de sus diferencias individuales, en cuanto a necesidades y características personales. En fin, la evaluación del programa se hace en función del logro de los objetivos previamente establecidos.

La Orientación vista a través del enfoque de la Escuela Nueva debe estructurar sus programas de intervención centrándose en el desarrollo del potencial humano, más que plantearse el corregir las desviaciones, y tomará los diferentes episodios de la vida cotidiana del sujeto como insumo básico de la interacción orientadora. Se piensa que el cambio y el aprendizaje significativo ocurren mediante la actividad creadora y constructiva del que aprende y no de la transmisión de información elegida y seleccionada por el orientador. Por lo tanto, los contenidos y la intervención se centrarán en lo afectivo y partirá de las experiencias de las personas que participan en el proceso y buscará las soluciones y alcance de las metas a través de la acción cooperativa y comprometida de todos. Esto significa darle mayor importancia a la intervención grupal que a la individual. La intención de los programas ha de ser la de contribuir con el desarrollo de las potencialidades naturales del orientado, en un clima de cooperación, aceptación, cordialidad y empatía. Así, la evaluación es de largo alcance, luego de intensos programas de intervención.

La Orientación desde el enfoque de la pedagogía antiautoritaria, estructurará la relación de ayuda alrededor de las necesidades del sujeto, facilitando en todo momento un clima de libertad, donde él pueda compartir sin coacción las cuestiones que considere relevantes y significativas, estimulando siempre la clarificación y toma de sus posiciones, sobre la base de la correspondiente auto-evaluación. El Orientador no es sino un facilitador de aprendizajes y podrá compartir sus vivencias personales en la relación de ayuda. En otras palabras: los objetivos y los contenidos de la intervención son elaborados por los sujetos y el orientador sólo lo estimulará para que se plantee sus propias alternativas y tome sus decisiones en función de lo que le resulte más significativo. La evaluación de la intervención se realiza sobre la base de la satisfacción o no del sujeto con su propio proceso personal.

La Orientación, vista a través del enfoque de la pedagogía socio–política, asume la crítica a la escuela y, por lo tanto, deberá develar y proponer una toma de conciencia sobre el conjunto de situaciones que atentan contra la prosecución escolar. Debe pues identificar, como tarea primordial, los factores sociales, institucionales, familiares y personales que obstaculizan el éxito escolar así como la permanencia en el sistema escolar. Mediante los programas de intervención, el orientador tenderá a favorecer el desarrollo de actitudes, habilidades y acciones que faciliten la participación consciente y crítica para promover el cambio no sólo personal sino también colectivo. Según Vital y Casado (ibid), el orientador que sustente este enfoque asumirá más bien un rol de investigador y sobre la base de sus hallazgos podrá realizar la función consultora-asesora de los adultos significantes (docentes, padres y representantes, personal directivo...)

Antecedentes Históricos Y Origen de la Orientación

Con el fin de comprender los fundamentos contextuales de la Orientación se hace necesario conocer los antecedentes históricos de esta práctica social donde ésta se institucionalizó: Estados Unidos y Europa. La Orientación se establece gracias a unas condiciones contextuales específicas que la hacen necesaria, útil y pertinente.

De acuerdo con Calonge (2003), la comprensión de esas bases contextuales pasa por el posicionamiento de la idea siguiente: toda actividad humana, realizada de manera sistemática y organizada, surge, se desarrolla y consolida o perece, en armonía con una dinámica sociocultural específica. En efecto, la Orientación, en tanto práctica institucionalizada, nace en un momento histórico en el cual se hace necesario sistematizar una manera de ayudar a los individuos y grupos fuera de los escenarios convencionales.

Esta posición se contrapone a la idea que interpreta la búsqueda del origen histórico de las disciplinas o de las prácticas sociales sistematizadas en las puras acciones humanas espontáneas. Así por ejemplo, autores como Shertzer y Stone (1972) y Beck (1973) entre otros, sostienen que es posible situar el origen de la Orientación en el momento en que el ser humano buscó y recibió una ayuda verbal o enseñanza (donde se incluyen: los oráculos, los jefes de tribus, la familia, los sacerdotes o los maestros). Desde este punto de vista, los inicios de la Orientación se pueden rastrear a partir de la organización misma de los primeros grupos humanos. Esta mirada de lo histórico, para el estudio de las disciplinas o de las prácticas sociales, no se comparte pues no ayuda a comprender el por qué ellas surgen ni por qué pueden llegar a perder su propio objeto de intervención o sustituirlo por otro, ni el por qué pueden devenir fuertes en un momento dado y debilitarse en otro.

La industrialización y la Orientación

Desde este punto de vista, no cabe duda que la Orientación surge solamente dentro de aquellas sociedades que se mantienen y reproducen su existencia gracias a la industria. Es decir, como dice Calonge, (1988), la Orientación ve la luz en sociedades donde la aplicación de procedimientos industriales a la transformación de los productos de la naturaleza altera profundamente las tradicionales formas con que una generación transmite a la siguiente los conocimientos necesarios para darle continuidad. En efecto, la creciente división del trabajo, la creación de nuevos y diversos campos de actividad sobre el mundo exterior y sobre el propio comportamiento del hombre suscita una mayor complejidad de la educación, pues aquella división del trabajo productivo hace surgir, simultáneamente, la diversificación de la enseñanza, así como los nuevos campos de acción laboral crean la necesidad de enseñar nuevas profesiones.

Esta realidad deviene más compleja en la medida en que el proceso de industrialización se consolida y se hace extensivo en países como Estados Unidos y en algunos de Europa, a finales del siglo XIX y durante el siglo XX. Ello amerita, entonces, la intervención sistemática de agentes sociales que puedan darle cierta organicidad al mundo laboral, en un principio, luego al mundo educativo, más tarde al mundo de la salud mental y posteriormente al mundo de la comunicación interpersonal, grupal e intergrupal.

La Orientación en Estados Unidos y Europa

La Orientación tiene, pues, su cuna y su evolución inmediata dentro de un contexto donde se hacía perentorio sistematizar el entorno de las elecciones individuales tanto en el mundo ocupacional como en el mundo educativo. Esa necesidad se ve develada en una sociedad donde se pasa de un modo de producción agrícola y de hábitat rural a otro industrial y de hábitat urbano. Las consecuencias de esa transformación, entre las más relevantes para la Orientación, se manifiestan en las situaciones siguientes:

• El enorme contingente de mano de obra que crea una clase obrera, inicialmente con pésimas condiciones de trabajo, y que demandaba volver más humana tanto la elección como la situación laboral;
• La movilidad geográfica y social (interna y también derivadas por las fuertes corrientes migratorias de otras latitudes) se convierten en una posibilidad expedita de diversidad ocupacional y educativa para grandes masas humanas;
• El desideratum de la "educación para todos" con su inmediata realización a través de la accesibilidad masiva a la escolaridad, la cual tendía a desdibujar la individualidad de los escolares;
• Los cambios en la concepción pedagógica: la importancia de potenciar el talento y de formar especialistas en diferentes niveles;
• El fuerte apoyo gubernamental y privado, a la investigación básica y aplicada con el fin de sustentar todo el andamiaje científico que necesitaba la intervención orgánica en el mundo educativo y laboral.

En los Estados Unidos, Frank Parsons constituyó una figura de la más alta relevancia. En 1908, Parsons crea una Oficina Vocacional, Vocational Bureau, con la idea de prevenir las dificultades en la elección ocupacional que presentaban muchos jóvenes de escasos recursos económicos. Posteriormente, se publicó su obra Choosing a Vocation, en la cual se establece el método en el que debe basarse la asistencia de la elección vocacional.

Ahora bien, ese interés en darle organicidad al mundo laboral se relaciona casi de manera ineludible con la necesidad de incidir en la esfera educativa. Para el momento, el eje alrededor del cual giraban las ideas pedagógicas en boga se expresaba en la necesidad de individualizar la educación, de tomar en cuenta las características personales de los alumnos y estudiantes en el desarrollo de su devenir escolar.

Esa simbiosis de ambos mundos, laboral y educativo, se alimenta de los problemas apremiantes que inducía el proceso de industrialización, sobre todo en las grandes mayorías. Es por eso que autores como Santana V. (1993:15) afirma que Parsons está incuestionablemente ligado al movimiento de "Educación Progresista" norteamericano, el cual dejó sentir sus efectos en todo el sistema pedagógico del momento: en la arquitectura de las escuelas, en las disposiciones de las aulas, en los programas escolares, en las actitudes de los profesores, etc. Dentro de ese espíritu del tiempo, el impacto más claro de Parsons se vió reflejado de manera contundente en la labor del orientador, pues se trataba de hacer "coincidir", de armonizar, las características individuales con las características de las ocupaciones.

Para Cremin (1964, c. p. Santana Vega, ibid: 15) hay varios datos que permiten deducir el estrecho parentesco entre el movimiento de Orientación, impulsado en sus inicios por Parsons, y el movimiento progresista, tanto educativo como social, que se expandía en USA en los primeros años del siglo XX. Estos son, entre otros, los siguientes:

a. La reforma social de los obreros, a cuya vanguardia se sitúa el movimiento progresista, revela la necesidad de la Orientación Profesional porque ésta no sólo conduciría a una mayor realización personal sino que al ubicar a las personas adecuadas en sus empleos, contribuiría también a la creación de un sistema industrial más eficaz y humano. Es decir, el uso inteligente del arte de la Orientación Profesional puede servir no sólo a los jóvenes que buscan consejo sino también a la causa de la reforma social.

b. El esfuerzo por individualizar la educación representaba uno de los aspectos centrales de lo que se denominaba entonces "orientación pedagógica". Al respecto, Cremin señala la existencia de toda una amplia gama de programas encaminados a alcanzar esta meta. Dice, por ejemplo, que "J. Davis organizó en 1908, un programa de orientación profesional y moral en las escuelas del estado de Michigan en donde no sólo se ofrecía información en materia de empleo, sino sobre todo, cursos y actividades que estaban al margen del programa de estudios de las asignaturas, pero que formaban parte del curriculum escolar, impartiéndose una vez a la semana" (ibid.: 16). En efecto, lo que se llamó Orientación Pedagógica consistía en la búsqueda de programas de orientación general que pudieran ayudar a los jóvenes a elegir sus estudios, pero siempre de manera individual.

c. El afán del movimiento progresista por desarrollar una "ciencia" de la Educación hace suyo el interés por los tests y las mediciones que estaban en el espíritu del tiempo. Los orientadores que ansiaban hacer más científico su trabajo (por cuanto Parsons, en su momento, no llegó a establecer mediciones para las características individuales) no tardaron en asimilar y aplicar estas pruebas, ya que les ofrecía la posibilidad de utilizar instrumentos precisos que medían y predecían el rendimiento. Así comienza a hacerse un uso generalizado de los tests de inteligencia y de aptitudes en los centros educativos. El rol del orientador deja, entonces, de estar asociado al de agente social en el Vocational Bureau, para estar asociado al de una persona con formación profesional, con el de un experto al servicio del alumno en las instituciones escolares.

Todas estas situaciones, o propiedades del entorno social, movilizaron una diversidad de propuestas para sistematizar la labor de Orientación en Estados Unidos.

Ahora bien, los fundamentos contextuales de la Orientación en Europa serán similares a los de Estados Unidos, aun cuando, sus orígenes y evolución, en ese continente, estuvieron vinculados, por más tiempo, al mundo del trabajo a través de la institucionalización de los servicios en las grandes ciudades. E igual que en Estados Unidos, pero de manera más lenta, la Orientación se va incorporando al movimiento mundial de los tests, y es posteriormente cuando va a estar presente en las instituciones educativas.

A pesar de las diferencias, en el desarrollo de la Orientación, entre Estados Unidos y Europa en la primera mitad del siglo XX, habida cuenta de las dos guerras mundiales que conociera el continente europeo, la razón contextual es semejante: por un lado, el proceso de industrialización que requería especialización y que significaba la necesidad de poner en concordancia los estudios ofrecidos y el talento especial de cada individuo; y, por otro lado, la idea de igualdad que se pensaba alcanzar a través del estímulo a las potencialidades del individuo según sus aptitudes diferenciales, en oposición al carácter arbitrario de los privilegios derivados del origen social. Dicho contexto devela la necesidad del desarrollo del análisis científico de lo individual y de las diferencias individuales, lo cual se va a lograr, dado la fuerte presencia del paradigma positivista de la época, vía la medición de los rasgos personales mediante las técnicas psicométricas.


Ahora bien, en la segunda mitad del siglo XX, ya por los años setenta, el movimiento de Higiene Mental va a añadir una nueva dimensión al concepto de orientación, dándole una especial importancia a los aspectos de adaptación de la infancia y, en general, de adaptación de todos al entorno social. Igualmente, como consecuencia del impulso de este movimiento, para esos años se inicia toda una corriente de pensamiento que privilegia la exploración de los intereses en detrimento de las pruebas para medir inteligencia y aptitudes en el proceso de Orientación. Se sostenía, como tesis central, que los intereses de los sujetos eran mucho más determinantes para el éxito que las aptitudes o habilidades: los altos intereses para ciertas ocupaciones o estudios tenían un mayor valor predictivo que cualquier otro rasgo de la personalidad.

Consolidación del contexto y desarrollo de la Orientación

El énfasis en la Orientación vocacional y educativa en los Estados Unidos y Europa, se ve, en cierta medida, debilitado con el auge del movimiento de Higiene Mental, el cual se hace extensivo en la segunda mitad del siglo XX.

Se pensaba que las dificultades de los sujetos en las elecciones vocacionales tenían su origen no tanto en los problemas que se tejían en los mundos ocupacional y educativo, propiamente dichos, sino más bien en los desajustes o desequilibrios personales. En todo caso, se asumió que esas dificultades personales teñían todas las áreas del comportamiento humano y que, en consecuencia, había que dedicarse a la búsqueda de un desarrollo sano de la personalidad para así garantizar el éxito de las elecciones individuales.

Este movimiento logra incorporarse en todos los ámbitos sociales y científicos una vez que la estructura laboral y educativa llega a consolidarse, perdiendo, poco a poco, sus perfiles iniciales de injusticia y deshumanización. Los cambios que ya habían irrumpido en la vida social van a devenir parte de la vida cotidiana sin los traumas iniciales: la división del trabajo y la diversificación de la educación. Los mismos se han encausado tanto en la estructura social como personal y la incertidumbre cede el paso al conocimiento y manejo de ambas variables por parte de los sujetos y del colectivo social. Esta consolidación se hace posible gracias al desarrollo económico que conocen estas sociedades y al desarrollo político que se observa en el sistema democrático donde el individuo es el centro y el fin de la acción social.

Estas tesis que se derivan del movimiento de Higiene Mental, van a encontrar, más adelante, un enorme eco en todas las profesiones de ayuda. En la Orientación, se comienza a hablar de otra área de intervención, más vinculada con los problemas de adaptación del individuo, la llamada área "personal-social". Las tesis Humanistas, representadas por figuras que tuvieron impacto mundial, como por ejemplo: Rogers, C. (1969, 1974, 1972) y Maslow, A. (1963, 1979) entre otros, sostenían la importancia de la autorrealización personal, del proceso de convertirse en persona, de la psicoterapia centrada en el "cliente", en el sujeto. Todo ello planteaba la necesidad del contacto personalizado, cara a cara (individual o grupal). Así, en la medida en que los sujetos se "auto realizaban" dentro de esos ambientes cálidos y de libertad que debían garantizar las instituciones y las relaciones terapéuticas o de orientación, en esa medida esos mismos sujetos estaban en capacidad de realizar elecciones adecuadas en cualquier ámbito de su vida.

La consecuencia que tuvo en la Orientación el auge del movimiento Humanista fue que se siguió participando en las áreas de acción vinculadas con lo personal y lo escolar, pero al mismo tiempo se definió y delimitó otra función del orientador que se ha dado por traducir como "la educación para carreras" (Career Education). La Orientación vocacional pasó de ser, entonces, una labor que desempeñaban los especialistas directamente con los alumnos, estudiantes o potenciales trabajadores, para incorporarse al curriculum escolar a través del desarrollo de tres áreas: conocimiento del sí mismo; conocimiento del mundo del trabajo; toma de decisiones y planificación de la misma.

De este modo, las funciones que adopta el profesional de la orientación en la actualidad, tanto en Estados Unidos como en gran parte de los países occidentales y desarrollados, son las siguientes:

• La función orientadora se realiza conjuntamente con el docente de aula, en el desarrollo de las destrezas del alumno relacionadas con: el conocimiento de sí mismo, la socialización, el proceso de toma de decisiones vocacionales y de clarificación de valores.

• La función de asesoramiento y consulta para los docentes, personal directivo y de apoyo de la institución educativa. En tal sentido, el orientador: colabora en el diseño y desarrollo curricular de la institución; ayuda a la interpretación de los resultados de la evaluación de los estudiantes; participa en el seguimiento de las recomendaciones derivadas de los resultados de esa evaluación; realiza estudios sobre las necesidades de Orientación vocacional de los alumnos, para buscar correctivos o reforzar la función de asesoramiento y consulta, etc.

Las dificultades históricas de la Orientación

La breve exposición histórica hecha para situarse en los fundamentos contextuales de la Orientación, puede impedir ver la realidad de los enormes altibajos que ha presentado a lo largo de estos años. Ella ha sido víctima, como toda práctica social, de las vicisitudes de los contextos en los que ha surgido y desarrollado. Por lo tanto, su evolución se ha visto envuelta en períodos de gran expansión, tanto en el desarrollo de ideas y publicaciones como en la presencia de prácticas extensivas y, en otros momentos, se ha observado un gran decaimiento con una pobreza conceptual y práctica.

No obstante, la dificultad en unificar criterios en Orientación, en cuanto a su objeto de intervención y de estudio, sus funciones, sus roles y sus métodos, ha sido siempre una constante desde sus inicios. Es decir, la indefinición de la Orientación ha estado siempre presente a lo largo de su desarrollo, porque aún cuando en su origen el objeto de intervención estaba claro: la vocación, el simple hecho de haber posado sobre él una mirada holística, significó una indeterminación, una ambigüedad, de lo que se podía entender por vocación.

Ante la necesidad planteada por algunos, de la creación de un lenguaje común, de una concepción compartida para la Orientación, la respuesta se evidencia en su imposibilidad. Alrededor y en el interior de la Orientación está construida una verdadera "Torre de Babel": tantos lenguajes como posiciones personales de quienes la ejercen, tantos lenguajes como fundamentos contextuales, posicionamientos filosóficos, políticos, pedagógicos o psicosociales.

Una revisión de la literatura especializada permite dilucidar la cantidad de funciones disímiles que engloba el vocablo Orientación: él se aplica a una variedad de funciones que poco o nada tienen que ver entre sí. Para Crow y Crow (c/p Santana, op. cit.: 19) "el problema reside en que a medida que la Orientación se ocupa del alumno en todas sus esferas y se integra cada vez más en el programa escolar, resulta más difícil su definición". Esto es innegable, pero en cualquier caso esta dificultad ha estado siempre vigente y en la actualidad se ha tornado aun más compleja.

Es necesario repensar la Orientación a la luz de las nuevas situaciones tanto del contexto mundial como nacional. La llamada Posmodernidad, o los procesos de globalización o las consecuencias de la denominada "era pos - industrial", ha puesto en tela de juicio, de manera mucho más recurrente, no solamente los objetos de las profesiones de ayuda sino también las funciones, los roles y los lugares donde esas profesiones se han habituado a trabajar.


La Orientación en Venezuela.

La Orientación ha estado vinculada, desde su surgimiento en Venezuela durante el siglo pasado, a actividades de naturaleza educacional que pretenden contribuir con la formación de la persona humana. Su ámbito de acción se ha desarrollado principalmente en contextos de organizaciones educacionales que dependen del sector público, y la historia de esta profesión se ha visto influenciada por la visión política que han tenido los diferentes partidos que han gobernado a Venezuela, desde su surgimiento hasta nuestros días. Al respecto, puede decirse que la Orientación ha realizado una travesía que ha oscilado entre períodos históricos donde se le ha dado mucha importancia y relevancia, hasta épocas como la actual, en las que por diversas razones atraviesa por un proceso de incertidumbre, que la ha llevado prácticamente a desaparecer dentro de la actual estructura del Ministerio de Educación y Deportes (en adelante MED), y que permite afirmar que se ha iniciado un proceso de involución como profesión en el seno de las escuelas y liceos. Si bien es cierto que en los planteles educacionales permanece la figura del orientador, estos rigen su práctica profesional por directrices que han sido establecidas en gobiernos anteriores. Sin embargo, se justifica a la Orientación y su contribución al cambio organizacional de las instituciones educacionales.

Primeros Pasos de la Orientación

La etapa inicial de la Orientación en Venezuela se ubica entre 1936 (fin del gobierno de Gómez) y 1962. Podría denominarse etapa no institucionalizada de esta profesión, pues su desarrollo se debió a figuras de profesionales eminentes en esta área, que venidos del exterior en calidad de asilados políticos, se abrieron campo de trabajo en el país, y contribuyeron a la creación de los primeros centros donde se ofreció la asistencia orientadora.

Los servicios ofrecidos en estas dependencias se centraron en la medición de habilidades mentales de los individuos, con fines diagnósticos, de selección y clasificación, así como la ayuda a las personas para facilitar una mejor selección vocacional y profesional (Essenfeld, 1979).

A propósito de los orígenes de la Orientación, Calonge (1981) presenta una visión panorámica de las diferentes tendencias que ha asumido la Orientación en nuestro país, destacando su ubicación en contextos socio-educativos.

Al respecto, esta autora destaca que desde 1945, con los cambios que se introducen en la política educativa venezolana, centrados en una concepción de educación para todos, se pretende vincular la educación con las necesidades de una economía que inicia un proceso de industrialización, gracias al potencial petrolero que genera grandes recursos al país, parte de los cuales se invirtieron en educación.

Este período de la historia de Venezuela es el que se conoce como el “trienio adeco”, (1945-1948) en el cual bajo la presidencia de Rómulo Gallegos, lleva al partido Acción Democrática al gobierno, una de cuyas banderas políticas fundamentales fue la democratización de la educación y la igualdad de oportunidades educacionales para todos los miembros de la población venezolana. Esta política de democratización de la educación si bien generó logros en el sistema educativo, también originó el surgimiento de problemas de deserción, repitencia y bajo rendimiento, los cuales fueron vinculados a las esferas teóricas de la reflexión vocacional-profesional-ocupacional-laboral, así como a la problemática de la adaptación y ajuste del estudiante al ambiente educacional en el que se desarrollaba su formación. Es en este contexto donde nace y se justifica la Orientación en Venezuela.

Estas características iniciales de la Orientación en el país fueron fundamentadas por las tendencias que se manejaban en Europa para ese entonces, e implementadas en Venezuela por los profesionales antes mencionados quienes, con su experiencia eminentemente de naturaleza vocacional, orientaban a los sujetos hacia el campo de trabajo, a partir de las necesidades y de los requerimientos sociales de ese momento histórico.

En este sentido, durante ese período todavía no puede hablarse de institucionalización de la Orientación en las organizaciones educacionales, en el sentido de que no se habían diseñado políticas por parte de los organismos competentes para regir los destinos de esta profesión en la educación pública y oficial en el ámbito nacional.

El acceso al poder de la dictadura perezjimenista durante la década 1948-58, en un período histórico que coincidió con la era post II Guerra Mundial, impulsó el auge del capitalismo norteamericano, y su política de expansión o colonialista, que requirió una mayor explotación de la principal riqueza de Venezuela, es decir del petróleo, profundizándose los lazos de dependencia entre nuestro país, considerado periférico y ese país centro.

Esta nueva condición del capitalismo norteamericano profundizó la dependencia económica del país con respecto a E.E.U.U., y unido a las prioridades políticas del gobierno perezjimenista significó un retroceso generalizado para la educación pública en Venezuela, ya que durante este período se retomaron y fortalecieron las pautas que habían regido para la educación en la época gomecista (primer tercio del siglo XX), marcadas por un apoyo a la educación privada en detrimento de la educación oficial, el fortalecimiento de los colegios religiosos, recortes en el presupuesto educativo y disminución de los índices de crecimiento matricular y prosecución escolar.

Ante este panorama desolador para la educación, la Orientación no escapó de similar escalada, y mantuvo sólo algunos elementos de naturaleza vocacional que la configuraron en la etapa histórica anterior.

En Venezuela, las condiciones situacionales evocadas para los países industrializados, relativas a la industrialización y la concentración urbana, se manifiestan mucho más tarde y de manera incipiente. Guardando las diferencias de orden cuantitativo y cualitativo, es posible decir que las consecuencias son las mismas en el entorno educativo: la matrícula se expande considerablemente y se inicia un proceso de diversificación, reflejo a su vez de la diversidad ocupacional y de la especialización en el trabajo.

No se pretende aquí hacer el análisis histórico del desarrollo de la Orientación en Venezuela, diversos autores han ahondado ya sobre este aspecto: Del Olmo, F. (1956), Essenfeld, S. (1979) y Calonge, S. (1988; 1985). Este texto se limita a citar sus inicios y los momentos contextuales en los cuales se producen cambios en la manera de ver esta práctica social.

De acuerdo con Calonge (2003), con el derrocamiento del régimen de 1958 y el retorno de la democracia, se da paso a la participación de amplios sectores de la sociedad, a través de las diferentes organizaciones sindicales, gremiales y políticas. Esta situación sitúa a la Educación en el centro de la preocupación de toda la sociedad y de sus gobernantes. Es dentro de este contexto donde la exigencia de institucionalizar la Orientación se concreta en 1963, cuando el Ministerio de Educación crea el Servicio Nacional de Orientación (SNOME), bajo la dirección de la profesora Aida Curcho Sifuentes. Este servicio se aboca de inmediato a la capacitación y entrenamiento del personal que había venido prestando servicio dentro del campo de la Orientación.

Una vez que la Orientación se institucionaliza, el contexto político de Venezuela se vuelve esencial en la determinación de su configuración. Aquí, los inicios de la Orientación se vinculan directamente con las políticas del Estado en materia educativa. Hasta ahora (2003), a pesar de los constantes cambios y sobre todo de la discontinuidad de planes y programas, la simbiosis entre políticas educativas y Orientación ha permanecido.

Desde 1963 hasta la década de los ochenta, la Educación, y por ende la Orientación, era fuertemente centralista. Durante ese período, la Orientación sufre no pocos cambios de carácter administrativo de tipo jerárquico dentro del Ministerio de Educación: de Servicio Nacional pasa a División de Orientación, de ésta a Departamento, para luego pasar a formar parte, como una dependencia más, de los Servicios de Bienestar Estudiantil. Igualmente, la Orientación va ser víctima de los continuos cambios de planes y programas, propuestos por los distintos grupos políticos que llegaban al poder a lo largo de esas tres décadas. Esos planes no tenían ninguna continuidad: cada nuevo equipo de gobierno proponía una nueva concepción de Orientación, eliminando los planes anteriores sin la evaluación requerida. Todos estos planes y programas eran elaborados desde las oficinas centrales del Ministerio y eran bajados a los Orientadores para su ejecución.


Dentro de estos planes se pasó del Servicio Integral de Especialistas (formado por profesionales diversos: Orientadores, Médicos, Psicólogos, Odontólogos), al Servicio Unipersonal (un solo orientador) en un plantel determinado y de este último a los llamados Núcleos Integradores de Bienestar Estudiantil (NIBE), los cuales atienden a varios planteles escolares. Del mismo modo, las influencias citadas, referidas a la Orientación en Estados Unidos y Europa, se hicieron también presente en el país. Tanto el movimiento de Salud Mental, como de su derivado: el enfoque Humanista, entraron a la Orientación a través de los programas formadores de orientadores en las Universidades. Así mismo, el movimiento que pregonara la necesidad de incorporar la Orientación al currículo escolar también encontró eco: en los planteles de Educación Media se creó la "hora de guíatura" (se le asignaba a un docente una hora a la semana para tratar con los alumnos temas de intereses personales o vocacionales) y se implantaron las "áreas de exploración" con el fin de poner en contacto al alumno con ocupaciones específicas. Actualmente, permanece la influencia del enfoque humanista y como estructura administrativa se conservan tanto el NIBE como el servicio unipersonal.

A finales de este período, los funcionarios de Orientación del ME asumieron el Modelo denominado de "Asesoramiento y Consulta", derivado del enfoque humanista, en el cual el orientador trabaja fundamentalmente con las "figuras significantes" para el alumno, es decir: docentes, personal directivo, padres y representantes. Se justifica la labor que como personal docente y profesional de ayuda desempeña el orientador en el contexto de organizaciones educacionales en Venezuela. Al respecto, se concibe a la Orientación como una práctica social que da respuestas a situaciones propias del desarrollo evolutivo normal de niños(as) y adolescentes, proporciona formación a los actores claves que conforman las escuelas y liceos, a la vez que contribuye con el cambio organizacional de los planteles. Es decir, se dirige tanto a los educandos (personas en formación, con o sin problemas) como a los agentes socializadores o agentes significantes. Esta práctica social se vincula e integra al currículo escolar así como a los diferentes componentes que lo conforman, incluyendo todo lo relacionado con la cultura y el clima organizacional.

El modelo de asesoramiento y consulta sigue vigente en los documentos oficiales y hasta finales de los años ochenta ellos constituían líneas de acción nacional, porque el proceso de descentralización apenas empezaba a escollar. Una vez comenzada la descentralización, la Orientación se debilita en el ámbito de las instancias centrales, lo cual se refleja en la incertidumbre de los orientadores.

Antes de 1998, la descentralización iniciaba un proceso que llevaría, a largo plazo, a una autonomía de las políticas educativas regionales. No obstante, desde 1999, tal concepción fue cuestionada y se volvió al planteamiento centralista. Hasta el momento (2002) se sigue observando esa tendencia por parte del alto gobierno en todos los ámbitos de las políticas públicas y en especial de la política educativa.

Para Calonge (ibid), la descentralización constituye una configuración política que tendería a favorecer la práctica orientadora, imponiendo una nueva mirada sobre ella. Sería fructífero reflexionar sobre la posible especificidad de esta práctica social que se deriva de lo local (Cf. Calonge, S., 1998, c).

En los actuales momentos, la Orientación no se vislumbra como una actividad prioritaria por parte del MED. Sin embargo, las universidades (la Universidad Central de Venezuela, la Universidad del Zulia y la Universidad de Carabobo) siguen formando orientadores tanto en pregrado como en postgrado. En el ámbito de formación, en el postgrado de la UCV, se ha introducido el enfoque psicosocial para la Orientación.

Ahora bien, tanto el modelo de Asesoramiento y Consulta como el orientador en contacto directo con el alumno, han privilegiado siempre una perspectiva psicologista, fuertemente individual, dejando de lado los asuntos socio – culturales que rodean la vida de la institución educativa y de la vida cotidiana de los beneficiarios. Casado (2003), considera que la práctica de la Orientación en Venezuela se ha apoyado fundamentalmente en una concepción individualista, psicologista que pretende comprender o explicar el comportamiento humano partiendo sólo del espacio psicológico interior, dejando de lado, no reconociendo o hasta negando los aspectos constructivos de la dimensión sociocultural, suponiendo o creyendo que cambiando a los individuos uno por uno se puede lograr el cambio de toda una sociedad.

En tal sentido, Casado dice: "Un enfoque psicosocial hace referencia a un nivel de explicación de los fenómenos del comportamiento humano que intenta integrar el desarrollo interdependiente entre los contenidos, procesos y productos psicológicos y los contenidos, procesos y productos socioculturales". Se trata, entonces, de concebir la Orientación como una acción que se dirige no solamente a los aspectos psicológicos de los sujetos sino también a los elementos del contexto social y cultural que los circundan. Así, los procesos de comunicación y de interacción social resultan nucleares en la práctica orientadora. Dichos procesos constituyen nichos de intervención para la Orientación en los distintos niveles de organización social: interindividual, grupal, intergrupal y organizacional (Calonge, S., y Casado, E., 1998, a y b). Este enfoque comienza a dar sus frutos en la investigación y en su desarrollo teórico, pero aún no ha llegado a las instancias gubernamentales encargadas de la toma de decisiones.

La crisis de la Orientación en Venezuela

De acuerdo con Casado (ibid), la situación de crisis de la Orientación en los momentos actuales está dominada por una gran paradoja, la cual se expresa en el hecho de que si bien hay consenso en justificar la práctica de la Orientación por las necesidades individuales y sociales (necesidades-carencia o necesidades-aspiración) que concurren en el marco de las instituciones educativas, resulta, empero, que a medida en que las necesidades-carencia han ido en aumento y, en consecuencia se ha incrementado la discrepancia entre lo dado y lo deseable, las necesidades-aspiración, la orientación se ha ido debilitando. Entre algunos indicadores de esta debilidad se pueden citar, por ejemplo, que la Orientación ha ido perdiendo lugares en la estructura burocrática del Ministerio de Educación y Deportes (MED), que los cargos de Orientadores han ido desapareciendo, que la Orientación no tiene la suficiente presencia curricular en los programas de formación de los educadores, que en la presente década no han surgido nuevos textos sobre la Orientación en Venezuela, que a los Orientadores se le han asignado tareas alejadas de la acción orientadora (como aquellas de distribuir la beca escolar o los subsidios alimenticios).

En efecto, la acción de los Orientadores ha ido perdiendo relevancia, su práctica va desapareciendo a pesar de que las necesidades que la hicieron surgir y desarrollarse han ido en aumento. Podría pensarse que, en el caso Venezuela, este fenómeno se debe a la profunda crisis socioeconómica que vive el país. Sin embargo, desde la academia, se deben considerar algunos otros elementos moduladores de la crisis desde una visión más al interior de nuestra área de estudio.

La práctica de la Orientación en Venezuela ha sido evaluada críticamente desde hace bastante tiempo atrás (Essenfeld, 1981; Calonge, 1981, 1986; Casado, 1987; Guevara, 1995). Sin embargo, no se conocen movimientos importantes de cambio y de reacción frente a la permanente falta de reconocimiento social e inadecuada pertinencia socioeducativa de la Orientación. De acuerdo con Casado (2003), esta situación sólo fue soportada por la abundancia de recursos o por la inercia de las instituciones gubernamentales que se conforman con poco o con no enfrentar las difíciles situaciones (afectivas, laborales, relacionales o intelectuales) que genera cualquier intento de romper con la inefectiva-armoniosa-pasividad de mantenerse en lo conocido, o de violentar las rutinas tradicionales por muy ineficientes que estas sean. Ahora, en un escenario distinto, donde priva el desarrollo y la inversión económica, donde la atención social se concibe como gasto y no como inversión social, la Orientación tiende a desaparecer. La sensación es de extrañeza y trae asociada inquietud por encontrar respuestas.

Principios de Actuación del Orientador.

Los principios son elementos relativamente sencillos cuyas indicaciones permiten deducir la forma de actuar en situaciones concretas. Como ya se ha dicho, la Orientación en el sistema escolar atiende al individuo en tanto es alumno o estudiante. Miller (1971, c. p. Santana, ibid.) apunta siete amplios principios de actuación, reguladores de la acción orientadora desde un marco contextual estimulador del desarrollo y aprendizaje del alumno.

a) La Orientación es para todos los alumnos. Aboga en pro de la obligatoriedad de abarcar a la totalidad de los alumnos, siendo, por ello, coherente con los principios de educación democrática, evitando que el programa de orientación se centre en la atención, de forma exclusiva, del colectivo de alumnos susceptibles de ser considerados con problemas (de carácter disciplinario, con retraso escolar, aquellos demandantes de ayuda, quienes están a punto de abandonar el sistema educativo...). Se educa a personas concretas, con características particulares, individuales, no a abstracciones o a colectivos genéricos.

b) La Orientación es para los alumnos de todas las edades. Este es el principio de continuidad de la atención y ayuda que se proporciona a todos los miembros que conforman la comunidad educativa del plantel. Está sustentado en uno de los fundamentos de la Psicología del Desarrollo, que sostiene que el aprendizaje de comportamientos, actitudes, valores, conocimiento de sí mismo, tienen lugar desde la primera infancia, y en la firme convicción de que el Hombre es un sujeto que realiza aprendizajes en forma permanente. Miller apunta que la naturaleza de la orientación ha de ser evolutiva, preventiva y continua, frente a un modelo de orientación centrado en el problema, de índole terapéutica y esporádica.

c) La Orientación debe aplicarse a todos los aspectos del desarrollo del alumno. Este es el principio de integralidad de la acción orientadora. Significa que se asume al sujeto como una persona total, sin parcelamientos y fragmentaciones de ninguna especie. Independientemente de que se focalice la atención a la persona en alguna área específica (personal-social, educativa, vocacional-profesional, familiar, sexual), el abordaje puntual de la situación de intervención, desencadena un efecto totalizador en el sujeto que recibe el beneficio del servicio orientador.

d) La Orientación facilita y estimula el desarrollo de uno mismo. Este es el principio de la unicidad y del autoconocimiento. A partir del supuesto de que la persona humana es una fuente inagotable de energía positiva y de potencialidades, se estructura un proceso orientador que busca poner al sujeto en contacto consigo mismo, para descubrir su riqueza interior, así como el sentido y significado que otorga a su existencia. Este principio se opone a la intención de fragmentar y etiquetar a la persona, a partir del resultado de la aplicación de tests psicológicos y psicométricos y de cualquier otro medio.

e) La Orientación debe ser una tarea colaborativa en la que se comprometen el alumno, los padres, el director, el profesor y el orientador. Este es el principio cooperativo, que implica que la Orientación exige un trabajo de equipo, que supone la comunicación y cooperación continuas entre todos los implicados. Es necesario defender la idea de equipos de orientación encaminados a trabajar el desarrollo personal, profesional y organizacional desde las instituciones escolares, descartando la figura del orientador como especialista que trabaja aisladamente.

f) La Orientación debe ser considerada como una parte esencial del proceso total de la educación. Este es el principio de integración de la Orientación al currículo escolar. En este sentido, no debe ser concebida como una actividad paralela al proceso formativo, sino como una estrategia de acción que se propone la personalización de los aprendizajes, así como la búsqueda de sentido y significado a la vida de los involucrados en el hecho pedagógico, a la vez que coadyuva a la creación de una cultura y un clima organizacional humanizados. Sobre la base de este principio, la Orientación deberá involucrarse en aquellos componentes del hecho pedagógico, que tienen que ver con la calidad educativa que se pretende ofrecer en las instituciones educacionales.

g) Es responsable ante el individuo y la sociedad. La orientación es un fenómeno necesario en donde el desarrollo individual surge desde el contexto en el que se halla el alumno, hasta llegar a un orden social más amplio. Se trata de trabajar en la búsqueda de un equilibrio entre los aspectos individuales y las demandas sociales. Ciertamente, por una parte la orientación debe centrarse en la intervención sobre los alumnos, no obstante, la intervención orientadora no debe dejar de lado la realidad social en dónde se sitúa, puesto que dicho marco contextual se convierte en estimulador del desarrollo y aprendizaje de la persona.

Tipos de Orientación

Rol del Educador como Orientador.

El papel del profesor debe orientarse a un rol mediador y no transmisor / emisor, apreciación que cuestiona los conceptos de autoridad, posesión del saber y respeto por el otro. Desde esta perspectiva, el perfil del docente requerido por el sistema educativo venezolano actual, definido por la Resolución N° 1 sobre Política de Formación Docente (1996, p. 6) establece que el educador ya no podrá ser sólo un transmisor del conocimiento, un dador de clases o expositor de hechos y teorías; sino que tendrá que desempeñarse como un facilitador de oportunidades que propicien experiencias de aprendizaje, un orientador, agente de cambio, investigador, entre otras funciones. El maestro como tal cambia y adquiere esa nueva denominación: facilitador, mediador o negociador. Éste ya no se identifica con la enseñanza sino más bien con funciones de asesoría, consultoría, facilitación o tutoría, entendida, esta última, como orientación y no como dependencia.

Así, se redimensiona su papel convirtiéndose en un mediador entre las potencialidades del alumno y la masa inmensa, cambiante e inestable de conocimiento que se produce constantemente, propiciando el uso de las Tecnologías de Comunicación e Información, para que cada alumno construya su propio proceso personal de aprendizaje. En su rol mediador, interviene entre el aprendiz y su entorno para ayudarle a organizar y desarrollar su sistema de pensamiento y facilitar la aplicación de nuevos instrumentos intelectuales a los problemas que se le presenten. (Vigotsky, 1979, c. p. Martínez, 1998).

De acuerdo con Freites (2003, p. 4), la enseñanza es una relación de comunicación que consiste en una mediación, y como tal es una relación de conciliación y concertación, la cual por los propósitos formativos e intenciones expresas, es entonces una “mediación pedagógica”.

Llamamos pedagógica a una mediación capaz de promover y acompañar el aprendizaje, es decir, la tarea de construirse y de apropiarse del mundo y de uno mismo, desde el umbral del otro, sin invadir ni abandonar. La tarea de mediar culmina cuando el otro ha desarrollado las competencias necesarias para seguir por sí mismo. (Prieto, 1995, c. p. Freites, 2003)

La mediación pedagógica representa una compleja dinámica que involucra a seres humanos en una relación interdependiente, interactiva, transaccional y transformacional, conducida por un docente y orientada por propósitos y objetivos de la enseñanza con miras a provocar el aprendizaje.

En ese sentido, lo que plantea el constructivismo pedagógico es que el verdadero aprendizaje humano es una construcción de cada alumno que logra modificar su estructura mental, y alcanzar un mayor nivel de diversidad, de complejidad y de integración.

Aún más allá, según Maya (1993: 31) el profesor facilita la innovación de métodos de enseñanza mediante la utilización de estrategias múltiples, buscando que el estudiante sea el autor de su propio aprendizaje y desarrolle su capacidad de autoaprendizaje y autoevaluación, es decir “aprender a aprender.”

De la función del docente depende en gran manera que la institución pueda cumplir los compromisos contraídos con sus alumnos y darles el servicio didáctico requerido. La calidad de la enseñanza y la posibilidad de que la misma se ejecute de una manera que pueda calificarse como de auténticamente mediadora requiere, entre otras opciones, el bienestar, madurez y autoconocimiento de quien asume el rol de mediador para que la comunicabilidad, como centro de la mediación, pueda darse efectivamente.
La comunicabilidad se entiende como el conjunto de relaciones, intervenciones, y transacciones que comprende el proceso de la comunicación en la enseñanza. La mediación pedagógica se orienta hacia el logro de una mayor comunicabilidad desde las relaciones presenciales y desde los materiales, sean impresos o audiovisuales, lo cual brilla por ausente en las aulas porque se parte de la relación con un área temática y no de la búsqueda de contacto con los participantes, con los protagonistas del aprendizaje. (Prieto, 1994, c. p. Freites, 2003).

Por ello, el docente debe tener un adecuado desarrollo personal y destrezas comunicativas que acusen una personalidad equilibrada, fácil interrelación y efectividad, experiencia docente, cierto dominio de la asignatura, estar dispuesto a dar y recibir feedback y poseer la capacidad de establecer una relación afectiva con sus alumnos. (Botero, 1984, c. p. Maya, ibid.: 69). Es decir, el verdadero aprendizaje es aquel que contribuye al desarrollo de la persona.

De acuerdo con Cortázar (1993, c. p. Romero, 2000) es el modelo humanista el que destaca la importancia y necesidad de formar al educador en el aspecto de su desarrollo personal, donde el centro de la acción educativa parte del reconocimiento del educando como ser humano, como poseedor de las capacidades latentes o manifiestas para comprenderse a sí mismo y a su medio ambiente. Incentivar la valoración positiva de sí mismo es la puerta que augura el éxito en la actividad que se emprende, por lo que buscar el clima más propicio para el crecimiento individual, para la comunicación fructífera con el otro, para el aprendizaje participativo, significativo y auto-reflexivo, serán los principios básicos que deben regular la práctica pedagógica.

Se enfatiza, de acuerdo con Bisquerra, (2002), a la luz de los tiempos actuales, el desarrollo personal como un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo ambos los elementos esenciales del desarrollo de la personalidad integral.

Las implicaciones de lo aseverado en la construcción del clima psicológico del aula determinan que la formación del nuevo docente, a la luz de su amplia función de mediador-facilitador de procesos cognoscitivos, afectivo-motivacionales y sociales en sus alumnos, necesita un currículo equilibrado en amplitud y profundidad. Esto supone atender las distintas dimensiones de la persona humana, en consecuencia, debe contener experiencias de aprendizaje que respondan a los planos cognoscitivo-intelectual, afectivo-emocional y social.

Ahora, tradicionalmente el currículo para la formación de educadores se ha preocupado más por la formación cognoscitivo intelectual dejando en segundo plano lo social, y el aspecto afectivo emocional ha estado casi ausente de dicha formación. Así lo demuestra la poca presencia de asignaturas y/o experiencias de aprendizaje que tengan como centro de interés al propio estudiante y su desarrollo personal como individuo.

En la formación del educador debe ocupar un importante espacio lo relativo a su propio desarrollo personal, y la necesidad de ofrecerle, a través del currículo, asignaturas, experiencias y actividades en general que propicien la revisión, clarificación y potenciación de sus procesos personales (autoestima, auto-conocimiento, motivación, creatividad, comunicación interpersonal, etc.). La necesidad de incluir en la formación del docente experiencias de aprendizaje sobre su propia persona, a objeto de que éste valore la importancia de la dimensión socio-afectiva y motivacional como componente clave para el éxito del proceso de enseñanza-aprendizaje, responde a que esa formación desarrolla la sensibilidad y competencias necesarias para propiciar el aprendizaje centrado en la persona que aprende y no sólo en el contenido programático de una asignatura determinada. Reconoce que el protagonista del aprendizaje es el propio educando, por tanto es necesario crear un ambiente psicológico favorable, propiciar experiencias vivenciales que le permitan al alumno aprender, interactuar y fomentar la integración entre todos los participantes de la clase.

En conclusión, la concepción actual de educación consiste en preparar las mejores condiciones (laborales, humanas, orientadoras) para que la persona, mediante una serie de decisiones personales, desarrolle su potencial. Por tanto, es responsabilidad del educador, en su rol de orientador, establecer claramente su rol de colaborador en la toma de decisiones, pues siendo un recurso indispensable en el proceso educativo, debe ejercer la participación y vincular su rol con la visión de un trabajo pertinente, trascendente, único e importante en el mundo actual.

El momento de una Orientación distinta.

La orientación, como práctica social que interviene en el proceso educativo puede abordar dentro de su radio de acción, además de la educación formal, otros espacios de educación no formal o realidades sociales que ameritan ejecutar acciones socializadoras, tales como la drogodependencia, el alcoholismo, la violencia doméstica, la fármacodependencia, el embarazo precoz, el desinterés y la apatía escolar, la pérdida de valores, entre otros, presentando alternativas que permitan hacer viables los esfuerzos para superar los múltiples problemas que hoy se viven.


En la actualidad, el cambio constante que se experimenta en todos los niveles del desenvolvimiento humano, como consecuencia del avance tecnológico, la globalización y los adelantos científicos, han llevado al hombre a una dinámica acelerada que acrecienta la interdependencia en las relaciones sociales manifestándose en toda la estructura social y cultural del hombre y propiciando cambios en la forma de abordar el estudio de los fenómenos.

En educación, movimientos de corte psicosocial como visión integradora se acentúan con más fuerza y han permitido abandonar las posturas psicologistas estáticas o las sociologistas exclusivas que anteriormente predominaban, para “globalizar” la visión de ese ser sujeto y objeto de la educación que es el alumno y todo lo que a él concierne.

Las posturas psicologistas y sociologistas han desvirtuado la construcción de lo individual desde la interacción social. El ser humano realmente se construye desde la interacción con otros, desde lo que recibe y aporta en su vida diaria y cotidiana. Por tanto, la orientación tiene ante sí un nuevo lineamiento desde un enfoque psicosocial donde las representaciones sociales que parten del conocimiento del sentido común y cotidiano y la comunicación surgida de estas interacciones cotidianas se convierten en las nuevas bases teóricas que la fundamentan.


El enfoque psicosocial permite aumentar el campo de acción de la orientación en la medida en que se concibe como “el nivel de explicación de los fenómenos del comportamiento humano que intenta integrar el desarrollo interdependiente entre los contenidos, procesos y productos psicológicos (pensar, sentir, aprender) con los contenidos y procesos socioculturales (valores, creencias, cultura) donde la Interacción Social Comunicativa (en adelante ISC) se convierte en el núcleo de la fundamentación de esta acción orientadora que le proporciona a su vez realzar la orientación, darle significado y proyectarla.

Para Calonge (ibid), esto le permite a la orientación: a) reenfocar su espacio de acción, ya que los contenidos del sentido común la trasladan a espacios abiertos, fuera del contexto educativo, el hogar, la calle, los hospitales, etc.; b) ampliar su dirección, exclusiva al alumno o los adultos que giran en su entorno, a todas aquellas personas que se puedan beneficiar de su acción; c) aperturar áreas de atención distintas a las ya conocidas debido a que los problemas de intervención surgidos podrían ser muy variados; d) reformular los métodos en torno a gran variedad de factores que emerjan, pero girando en torno a los procesos de ISC, permitiéndole hacer viable su práctica en cualquier espacio, momento y con diferentes personajes.

En esta medida el ser humano se toma como un ser real, histórico, en situación que debe afrontar los cambios y transformaciones que ocurren constantemente en la sociedad en que vive. Vista así la orientación se diversifica, se hace pertinente, relevante, presenta mayor cobertura, se hace más efectiva. En fin, este nuevo enfoque psicosocial representa “rendijas importantes de oxígeno” para el campo de la orientación que le proporciona una visión renovada y le permite proyectarse, especialmente en este momento en que su estado no es el mas deseable.


Finalmente, y en la línea de esta autora, las demandas socio-históricas e institucionales de la Orientación van a modificar las modalidades de cumplir sus cometidos y aparecen cambios interrelacionados que deberían haber provocado, de manera congruente, la revisión y la ampliación de la fundamentación teórica de la Orientación. Se resaltan los siguientes cambios: a) Se cuestiona el modelo médico-curativo y se plantea como prioridad los programas preventivos y de promoción del desarrollo de las potencialidades humanas. Aquellos modelos teóricos terapéuticos centrados en la "enfermedad" pierden vigencia y pertinencia; b) Se cuestiona el limitado alcance de las intervenciones individuales, cara a cara, y se apuesta por las intervenciones grupales. Los modelos teóricos que tratan acerca de los grupos y su dinámica adquieren relevancia y pertinencia; c) La consideración de la Orientación en el contexto educativo como práctica profesional crea una intervención de carácter más educativo: informativa y formativa, lo cual facilita la inclusión de la función de Orientación en el rol del docente. La Orientación se concibe, en consecuencia, como formando parte del currículum y del proceso de enseñanza formalizado en el contexto de aula y aparece la necesidad de realizar reflexiones de tipo pedagógico; d) El orientador pasa a ser un asesor. Esto quiere decir que su práctica es el asesoramiento y que sus blancos de intervención por excelencia son los agentes significantes vinculados a los procesos de socialización.

En resumen, la ausencia de certezas en orientación trae consigo la construcción de nuevos paradigmas centrados en la ausencia de universales para construir conocimientos. La orientación como práctica social que interviene en el proceso educativo, comporta problemas científico-técnicos y ético-políticos. Por ello, se requiere formar al orientador para el cambio, para su inserción en un contexto socioeconómico altamente volátil y en cualquier escenario laboral con destrezas concordantes a la realidad social.

Actividades de Aprendizaje

1.) Analice la Lectura Básica No. 1 de Rondón, M. (2005), utilice para ello diversas estrategias que le permitan procesar la información contenida en este material.

2.) A partir del análisis anterior, responda, por escrito, las siguientes cuestiones:

a) Defina ¿Qué es Orientación?
b) Describa el papel del Orientador en lnstituciones educativas
c) Especifique las funciones del Orientador en las lnstituciones educativas
d) Sintetice el papel del Orientador como mediador entre el estudiante y el docente
e) Explique los campos de actuación tradicionales y contemporáneos del orientador.
f) Describa el papel del docente como orientador en lnstituciones educativas.


La evaluación sumativa de este tema se efectuará mediante la presentación de un Informe Reflexivo individual, referido al contenido tratado en este tema. Sus respuestas al cuestionario anterior, así como la discusión y conclusiones hechas en la primera asesoría grupal, han de servirle de insumo para su reflexión y consecuente preparación de este Informe.

Los criterios que se tomarán como base para su revisión y calificación serán los siguientes: se valorara además de los conocimientos demostrados por los estudiantes la capacidad para el análisis síntesis y la organización así como también la redacción y el uso correcto del lenguaje.
La ponderación en cada uno de los criterios de evaluación será la siguiente: conocimiento 4, capacidad de análisis 4, síntesis 3, organización 2 , redacción 4 y lenguaje 3
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